Junín

Por años, Íntag fue un tejido social resistente que hacía frente de manera organizada y cohesionada a las incursiones mineras, ahora, el tejido social está roto”, comenta Gloria Chicaiza, dirigente de Acción Ecológica.
El proyecto Llurimagua ha separado a Junín y a las comunidades aledañas. Por una parte están las personas que protegen el medio ambiente y rechazan constantemente los trabajos extractivistas pero por otro lado también hay personas que debido a la necesidad económica han tenido que trabajar para la empresa.



Rosa Rodríguez es una mujer de 55 años que vive en Junín, hace tres años empezó a trabajar para la empresa minera como lavandera junto a quince mujeres más.

La empresa nunca les ofreció algún tipo de seguro. Las mujeres actualmente trabajan todos los días y ganan en relación a la cantidad de ropa que valen por jornada.

Rosa detalla los costos que tiene cada prenda de vestir dentro de la compañía.

La compañía nunca equipó a las lavanderas. A raíz de los ingresos por su trabajo, las mujeres decidieron comprar equipos para mejorar las condiciones de trabajo.

Rosa dejó de trabajar por un fuerte dolor que empezó a sentir en las manos, producto de las precarias condiciones laborales.

Cuando las lavanderas están en el río Junín, el color del agua se torna marrón. Los comuneros que defienden la ecología censuran el que la ropa se lave en este lugar, así como censuran las malas condiciones laborales en las que son empleadas las mujeres.